Hay veces en la vida donde uno lucha porque tiene que luchar, que lucha por inercia, cuando las fuerzas son escasas. Batallas que libras hasta el final pero irremediablemente acabas perdiendo.
Todo empieza en Abril de 2015. Un servidor, el mismo que ahora escribe, es seleccionado ( con bastantes dudas, pero al final fui seleccionado que es lo que importa) para el intercambio que su instituto realiza con Italia. ¿Ya os podéis ir imaginando, no?, conoce una italiana, se enamora perdidamente, pasean por Roma, comen pizza, y dejad de imaginar que no tiene nada que ver.
1 semana después del tratamiento los resultados eran nulos. Vuelvo, me mandan al otorrinolaringólogo.
Os prometí algo personal, y aquí lo tenéis, os traigo el capitulo más maravilloso, horrible y extraño de mi vida. Un capítulo que podría ser un digno guion de Hollywood.
Lo que si ocurre es que 3 días antes, sin previo aviso, caigo enfermo con aproximadamente 41 grados de fiebre. Tras un maravilloso fin de semana repleto de médicos, paños con agua fría y otros remedios populares, mi fiebre se reduce a uno 37 grados, con que decido no perder el dinero y viajar.
Los primeros días en Italia, horribles. Mi garganta me impedía comer, y me encontraba muy cansado; por suerte la fiebre ya se había ido. 5 días después, mi garganta dejó de doler, pero su tamaño era muy considerable. No redujo, es más, aunque entonces yo no lo sabía, iba a seguir aumentando, y no se iba a recudir hasta dentro de 2 meses. Ya os lo dije, ni pizza, ni italiana, ni nada por el estilo.
Al volver a España voy a urgencias. Deciden sin apenas mirarme, en una super eficaz decisión fruto de las altas horas a las que decido ir y lo cansada que debía esta la pobrecita que me atendía, que mi olución era !Triplicar! las dosis de antibióticos que me estaba tomando. Pasé de una pastillita cada 8 horas a dos enormes.
Y no, esto tampoco es una crítica a la sanidad pública española. Aunque ya que estamos, más de un médico sin vocación cuyo sueño era ser el próximo Dr. Hause y se dio de bruces con la realidad, sobra.
1 semana después del tratamiento los resultados eran nulos. Vuelvo, me mandan al otorrinolaringólogo.
Decide, una mujer joven que era un encanto, hacerme una prueba de sangre. Solución: Mononucleosis muy avanzada. Tan avanzada y desarrollada a esas alturas, que una enfermedad tan fácil de contagiar como esa, en mi caso era imposible. Se había acomodado en mi, y dijo, pues para que me voy a mover.
Abril, enfermedad de larga curación, exámenes finales a la vuelta de la esquina. !Que buena pinta tiene todo!. Pues no, no la tenía. Y esto solo acaba de empezar, en los próximos días, el desenlace de "Como darle emoción a un final de curso". Nos leemos entonces.
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